Parròquia Sant Isidre LLaurador


 
 

Nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI ha anunciado que celebraremos el Año de la Fe, que se abrirá el 11 de octubre, al cumplirse los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II, hasta el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.


Ya desde ahora podemos acoger las dos indicaciones nos hace el Papa para que podamos vivir y renovar nuestra fe. Conocer, estudiar y asimilar los documentos emanados del Concilio Vaticano II y, conocer, estudiar y asimilar unos de los frutos mismos del Concilio Vaticano II: El catecismo de la Iglesia Católica, que en este año cumplirá los veinte de su publicación, promulgado por el beato papa Juan Pablo II, con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe.


Mucha tinta y muchas y diversas actitudes ha provocado en estos cincuenta años el Concilio Vaticano II y sus orientaciones. En muchas ocasiones, invocando su “espíritu”, y sin conocer realmente los documentos, se orientó una renovación que tuvo más de personalismo del que dirigía (sacerdotes, religiosos y laicos) la comunidad de creyentes, que de la auténtica renovación que proponía el Concilio.


Muchos cambios, muy visibles, se introdujeron en la liturgia y en el dinamismo de las comunidades. Pero si debemos alegrarnos por las muchas cosas positivas que se derivaron de esa etapa que se abrió en la Iglesia, no debemos dejar de lado una sana autocrítica, desde la serenidad de los años transcurridos, que es a lo que nos convoca este año de la fe.


Para superar relativismos y subjetivismos, la sabiduría del sucesor de Pedro nos invita a hacerlo desde la luz de la doctrina conciliar y el Catecismo de la Iglesia Católica. Superar el “yo creo que….” o, “a mi me gusta….” o, “a mi me parece…”, sólo podemos hacerlo acogiendo con obediencia cordial el que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, nos ha dado.


Es el momento de formarnos sólidamente  en la doctrina de la Iglesia, estudiarla, meditarla, conocerla. Un espléndido programa para la Nueva Evangelización, que pasa por creer lo que cree la Iglesia y predicar lo que predica la Iglesia.


El Evangelio de Jesucristo, como misterio del dinamismo de la Encarnación, se ha ido concretando en la vivencia de una Iglesia que ha ido peregrinando a través de los siglos y culturas y expresando su fe como respuesta a los grandes interrogantes de las personas.

Esta es la fe que nosotros hemos recibido como un tesoro custodiado por la Iglesia y que se nos ofrece como alimento y luz para los creyentes en este complejo mundo al que, como bautizados, somos enviados a anunciar la salvación de Cristo, Señor y Redentor.





Mn. Francisco Prieto,

Párroco de la Parroquia de San Isidro Labrador

 
Año de la fe
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