Parròquia Sant Isidre LLaurador

 

















Vivimos la fuerte presión de la moda, del “qué dirán”, de lo políticamente correcto y de hacer lo que hace todo el mundo por temor a ser tachados “de no estar al día” y de ser diferentes al conjunto de la sociedad.


Pero la Cuaresma y la próxima Pascua nos invitan precisamente a no tener los mismos criterios del mundo y sí tener los criterios de Dios en nuestro estilo de vida cristiana.


El culto que celebramos es para alimentar, con el auxilio de la gracia, nuestro deseo de ser discípulos de  Cristo y ser, precisamente, diferentes a las actuaciones y maneras del mundo.


Nuestra ley son los

Diez Mandamientos

de la Ley de Dios

y los cinco

Mandamientos de la

santa Madre Iglesia.

Claros, concisos y

precisos para orientar

y examinar

nuestras conductas, pues no todo es igual ni da todo lo mismo.


Si seguimos el Evangelio, las respuestas de Jesús siempre expresan su fidelidad al espíritu de Dios.


Por fidelidad al Espíritu Santo Jesús fue al desierto, signo de su camino de la cruz. Por fidelidad se mantendrá en él hasta el fin, porque la fidelidad no cede ante ninguna tentación ni ante ningún sacrificio.


El Diablo presenta con descaro la ilusión del poder, del dinero y de la fuerza, a cambio de arrodillarse ante él; que es anteponer cualquier valor humano al amor y al servicio del único Dios.


Por no ceder a esta tentación, por no adorar al imperio, muchos cristianos de la iglesia primitiva aceptaron el martirio de sangre. Y otros muchos, a lo largo de la historia, por mantenerse fieles a Cristo y a la Iglesia rechazando los criterios del mundo, aceptaron y aceptan el martirio social.


La Cuaresma es como la primavera del alma. El tiempo de revivir y saborear la más honda realidad de nuestra existencia: la de estar consagrados a Dios desde el Bautismo.


Y en la Pascua, Jesús, el Hijo de Dios, lleno del Espíritu Santo nos invita a sus hermanos de todo el mundo a que compartamos la gloria de ser también con Él, hijos de Dios, llenos de Espíritu Santo y herederos de la vida eterna.


Francisco Prieto, pbro.

Párroco


  EL MARTIRIO SOCIAL