Parròquia Sant Isidre LLaurador

 




Lo importante es que

todo cristiano rece

cada día,

para que el Señor

nos conceda

su gracia y su fuerza

para llevar

nuestra cruz y seguirlo.


Cada uno, según su edad, su estado, su momento existencial, ha de buscar los momentos adecuados para establecer la forma y el tiempo que se dedica a la oración personal y comunitaria como es la Santa Misa.


El tiempo de verano y/o vacaciones suelen alterar nuestras rutinas y horarios, por lo que hay que prever también el tiempo y la manera de que la oración y la piedad no hagan también vacaciones. Igual que una planta sino se la riega se muere, así pasa también con el alma.


Una forma sencilla, humilde, pero no por eso de menor contenido, es el rezo diario de las “Tres Avemarías”.


Primero de todo es acogernos al maternal amparo y protección de nuestra Madre del cielo, la Virgen María. Ella es el camino seguro para llegar a su Hijo, pues en todo momento nos dice: “Haced lo que Él os diga”.


Después, ponemos bajo su intercesión en cada Avemaría lo que llevamos en nuestro corazón y que jamás deberíamos olvidar.


La Primera Avemaría, ofrecerla por nuestros padres, hermanos y abuelos. Estén aquí en la tierra o ya estén en el cielo. Si eres niño o joven, debes agradecer el don de la vida y respetar a los que te la han dado y forman el primer círculo de tu familia, dándote lo más preciado que es su amor. Si eres mayor, qué mejor que pensar y rezar por los que te han querido más que nadie.


La Segunda Avemaría, la rezamos por todas las personas que a nuestro alrededor nos ayudan a ser buenas personas, transmitiéndonos su experiencia, sabiduría y amor: familiares con los que crecemos y convivimos; educadores, sacerdotes y catequistas que van acompañando nuestra vida; amigos con los que vamos creciendo o que han compartido nuestra vida a lo largo de los años.


La Tercera Avemaría, siempre la hemos de rezar por los que sufren en el cuerpo o en el alma: enfermos que padecen no solo la enfermedad sino también la soledad de no tener quien se preocupe por ellos; los que no tienen para comer cada día o no tienen acceso a la educación o un trabajo digno; los que no tienen un techo o un hogar; los que no tiene esperanza, y un largo etcétera. Rezar por ellos, en primer lugar nos hace a nosotros más agradecidos por todo lo que tenemos y que muchas veces no lo apreciamos, quejándonos sin darnos cuenta de que hay otras personas que sufren más que nosotros. Nos hace también salir de nosotros mismos y mirar a nuestro entorno y así mirar la realidad de un mundo donde hay mucho sufrimiento e injusticia. Y nos lleva a ser solidarios e intentar compartir lo que podamos con los que menos tienen.


De esta manera sencilla, podemos rezar con toda intensidad cada día allá donde estemos y a cualquier hora del día. Siempre es oportuno y consolador acordarnos de estas intenciones y rezar agradecidos por todos los que han contribuido a hacernos lo que somos y encomendar las necesidades de nuestro mundo.


Que la intercesión de la Virgen María nos conceda de su divino Hijo, la salud del cuerpo y del alma en este tiempo de verano.


Francisco Prieto, pbro.

Párroco


REZAR CADA DÍA LAS

“TRES AVEMARÍAS”